Comer, entre el placer, la necesidad y la obsesión.

20 octubre, 2021 por Mercè Gonzalo

comer

¿Alguna vez te has preguntado porque comes? ¿Te lo preguntas algunas veces? ¿Nunca? Si a partir de ahora empiezas a hacerte esa pregunta antes de ingerir un alimento lo más probable es que la respuesta no sea siempre la misma. Puede ser que algunas de las respuestas que encuentres sean: porque tengo hambre, porque es la hora de comer, porque me gusta mucho esta comida, porque estamos de celebración, porque es una comida de trabajo, porque no quiero pensar en otras cosas y la comida me distrae de mis preocupaciones, porque busco algo que me produzca sensaciones placenteras y las encuentro en la comida, por aburrimiento, por necesidad, porque me obligan… Hay infinidad de posibles respuestas y te animo a que pienses cuales son las tuyas y medites sobre ello.

¿Alimentarse es solo una necesidad?

En nuestro entorno la alimentación resulta mucho más que una necesidad y está estrechamente vinculada a nuestra cultura y tradiciones, no obstante, no podemos olvidar que biológicamente es una necesidad. Comemos para cumplir con las necesidades nutritivas de nuestro organismo y en este sentido me gustaría invitaros a realizar algunas reflexiones. Cuando comemos por encima o por debajo de nuestras necesidades el equilibrio se empieza a romper y podemos empezar a tener problemas diversos de salud. Y ahora os pregunto:

¿es muy difícil comer justo lo que necesitamos?

Bueno, en teoría no debería serlo, pero efectivamente no es muy difícil cuando: podemos regirnos por nuestras sensaciones de hambre y saciedad, tenemos acceso a suficiente cantidad y diversidad de alimentos saludables, no padecemos ningún problema de salud que altere nuestras necesidades o nuestra sensación de hambre y saciedad, nuestra cultura y entorno favorece un consumo adecuado de alimentos y no lo contrario, etc. Por dejarlo claro, cuando hablo de entorno me refiero a las personas que nos rodean, a los comercios que tenemos cerca, a la publicidad que recibimos, etc. Bien, ¿qué os parece? ¿sencillo? ¿o no tanto? Personalmente no me parece nada sencillo que todas las condiciones se produzcan a la vez. Si al menos se producen la mayoría será más o menos fácil, ahora bien, como tengamos varios factores en contra el tema resulta cada vez más complejo.

¿Comemos por placer?

Es bien conocido que a la mayoría de los mortales la comida nos produce un cierto placer, hay quien más hay quien menos, hay quien tiene mayor preferencia por lo dulce, hay quien prefiere lo salado, pero como buena necesidad la naturaleza se ha encargado de que satisfacerla nos produzca generalmente un cierto placer. Y bien, eso no es negativo, al contrario, la búsqueda de la satisfacción de nuestro apetito, y es más, lograr beneficiarnos de ese placer, nos ha hecho subsistir miles de años. El problema viene cuando no debemos luchar demasiado ni realizar grandes esfuerzos físicos para conseguir un alimento que llevarnos a la boca. Tenemos a nuestra disposición gran cantidad de alimentos y además gozamos de la existencia de alimentos hipercalóricos e hiperpalatables o de sabores muy intensos, que resultan muy sencillos de consumir y que diferentes estrategias publicitarias se encargan de recordarnos que existen, y en resumen eso es lo que pasa actualmente en el día a día de muchas personas.

¿Y cuando se convierte en una obsesión?

A veces lo tenemos tan fácil para consumir alimentos que estimulan nuestros sentidos de manera muy potente que resulta muy difícil parar de consumirlos o limitar su consumo. Y para colmo, el gran abastecimiento de alimentos, la tecnología alimentaria y las campañas de marketing que favorecen un consumo de productos poco saludable y alejado de nuestras necesidades, conviven de forma casi diabólica con la cultura del culto al cuerpo, la gordofobia y los cánones de belleza alejados de un cuerpo saludable y vinculados a la extrema delgadez o a un potente desarrollo muscular. Y esta explosiva combinación de factores lleva no pocas veces a problemas diversos relacionados con la alimentación, el comportamiento alimentario, la aceptación corporal, la autoestima y el estado psicológico de la persona, pues no es fácil manejarse en aguas revueltas.

Acabo de abrir la caja de pandora y es imposible cerrarla en un artículo de un blog, pues la realidad es que está ya abierta desde hace años. Solo poco a poco lograremos irla conteniendo cada un@ de nostr@s si tenemos en cuenta la sociedad en la que vivimos, todos los inputs que recibimos y logramos analizarlos y decidir razonadamente como responder a ellos, o buscar ayuda para encontrar las mejores respuestas, pues como hemos visto, a menudo no es tan sencillo. Por terminar de manera más positiva, os facilito un pequeño listado de consejos para tener en cuenta que espero os puedan ayudar a gestionar vuestra alimentación y la de l@s niñ@s con los que vivís o trabajáis:

  • En la más tierna infancia las sensaciones de hambre y saciedad suelen funcionar como una maravillosa y precisa maquinaria recién estrenada, así que procuremos no alterarla. Estamos alterando estos funcionamientos cuando obligamos a comer o favorecemos que el/la niñ@ coma más de lo que comería siguiendo su sensación de apetito. Hay muchos factores que pueden favorecer una mayor ingesta, raciones grandes, comentarios, compensaciones, premios…
  • Como apuntaba al inicio del escrito las respuestas a la pregunta ¿porqué como? pueden ser muchas y diversas pero la gran mayoría deberían ser porque tengo hambre, si no es así te invito a que analices tus respuestas y procures realizar los cambios oportunos o a buscar ayuda para realizarlos.
  • Los alimentos con gran cantidad de azúcar, sal, grasas… resultan, hiperpalatables, es decir estimulan mucho nuestros sentidos y nos invitan a comer por encima de nuestras necesidades, además de ser generalmente poco saludables. Tenerlos a disposición ayuda a que nuestra alimentación no sea saludable. Si los queremos comer mejor los compramos para la ocasión y no los tenemos en casa al alcance de quienes vivan en ella.
  • L@s niñ@s tienen el gusto y el olfato en perfectas condiciones, con los años el envejecimiento, el tabaco, el alcohol, los productos con sabores intensos pueden ir mermando nuestra capacidad sensitiva y esto puede llevar a que cada vez necesitemos más intensidad de sabor para que nos resulte agradable, aunque todo es cuestión de costumbres y nos podemos readaptar a sabores más suaves, amargos o ácidos. Si desde la infancia favorecemos que los alimentos se tomen sin tanto aderezo, especialmente sal o azúcar, estaremos ayudando a su paladar a no ser tan dependiente de productos hiperpalatables.
  • Las formas de nuestro cuerpo y del cuerpo de quien nos rodea son las que son por múltiples factores y no son ni buenas ni malas, ni sanas ni patológicas, la salud es una cosa y la estética otra, y los comentarios sobre la estética de alguien están de más. Podemos empezar por aceptarnos y querernos como somos, seguir por aceptar y querer a los demás como son y acabar favoreciendo que los demás también lo hagan.
  • Analizar y ser críticos con las imágenes y mensajes que recibimos por diferentes medios preguntándonos si se corresponden con la realidad o porque nos mandan ese mensaje, puede ser una buena idea para empezar a poner un filtro que nos proteja frente a la gran cantidad de información y desinformación que recibimos.

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